Hubo un momento en el que las ideas me visitaban pero no se quedaban. Eran demasiadas, eran abrumadoras. Las melodías flotaban en el aire como promesas, pero la indecisión —esa voz silenciosa que te dice “espera un poco más”— me mantenía inmóvil. Mundos Paralelos, mi más reciente EP, fue por mucho tiempo un sueño postergado, no por falta de inspiración, sino por exceso de análisis, miedo y una obsesión con la perfección. La parálisis creativa no se nota de inmediato: te convence de que estás trabajando mientras solo estás girando en círculos. Pero un día me cansé de esperar a que todo “se sintiera perfecto” y decidí comenzar con lo que tenía. Esa decisión, simple pero poderosa, marcó el inicio real de este viaje.
Producir este EP fue como abrir una puerta que siempre estuvo ahí, esperando que yo la empujara. Al permitirme fluir, descubrí nuevas versiones de mí misma como artista, como empresaria del arte y mujer. Dejé de perseguir la idea de un proyecto “impecable” y me enfoqué en uno honesto. Mundos Paralelos contiene boleros dos boleros, y dos salsas que representan mis raíces caribeñas, mi pasión y mi energía. Cada canción es un puente entre el ayer y el hoy, entre lo que soñé y lo que he construido. Aprendí que el acto de crear no siempre necesita certeza; a veces, solo necesita valentía.
Hoy, con el EP terminado y un evento especial en camino, no solo celebro un logro musical, sino un acto de liberación. A quienes atraviesan esa niebla creativa, les digo: empieza aunque no veas el final claro. La claridad llega en el camino. Porque el arte no nace del control, sino del salto. Y yo, por fin, me atreví a saltar entre mis mundos paralelos.
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